Citado del Blog de la Campaña de Fernado Flores para Presidente del PPD:
Hay un buen término para re-acuñar, ahora que el desencanto nos embarga, y los jóvenes chilenos se ahogan en la bruma del "no estar ni ahí". Atinar. Para mí, atinar quiere decir sustituir este estado de ánimo que nos paraliza y nos desvincula, cínicamente, como si no tuviésemos nada que ver con lo que nos ocurre. Sustituirlo por un compromiso incondicional de apego por nuestro país, por un amor como el que la madre tiene por sus hijos, de preocupación constante, sin otra condición que la propia consumación del amor. El amor que le da sentido al que ama, que se instala y no se va.
Ese es el tipo de afecto que necesitamos para cumplir con las tareas pendientes de Chile y con los compromisos que, en el tiempo, será necesario enfrentar. Porque nuestros problemas como país no son puntualmente económicos, ni de delincuencia, ni de drogadicción, ni de seguridad. El fenómeno que se esconde detrás de todos esos asuntos es el mal espiritual. Los chilenos sufrimos de una enfermedad del espíritu, que los intelectuales llaman nihilismo, y eso nos descompromete con el futuro. Si la juventud, que es el futuro mismo, no genera un vínculo de amor con su país, no habrá un mañana prometedor, y no sabremos pensar ese 2020 que hay que pensar, porque las leseritas y cahuines que ahora nos ocupan distraen la mirada, y el desencanto no nos deja enfrentar las preocupaciones fundamentales del país: la competitividad tecnológica de largo plazo, la salud, la educación. El futuro de un país no es algo inmediato, toma tiempo.
Afortunadamente. Lo digo porque creo que tenemos la ocasión de remediar el mal que nos está consumiendo para enfrentar un proyecto nacional con la condición indispensable de un alma sana.
Cuando oigo hablar de los riesgos y de la incertidumbre que acarrean la globalización y la actual revolución tecnológica, me digo que sería bueno atinar, escuchando con alegría sus desafíos y oportunidades. Cuando oigo a los que se arropan en la sospecha y en la decepción, me digo que es hora de atinar, amando a Chile como la madre ama al hijo.
Sin duda a los jóvenes les estamos mostrando un mundo que los desconcierta, lleno de desconexiones: una educación que no se condice con la globalización y la tecnología; una recuperación económica que se encara con el desempleo. Les hablamos de la estabilidad de una carrera en contradicción con la movilidad y la flexibilidad actual del trabajo; les pedimos mirar al futuro, pero nuestra mirada es de corto plazo; les pedimos proyectos pero no tenemos líderes, los convocamos a la modernidad, pero los niños de Chile no comprenden lo que leen. Decimos que el reconocimiento es bueno, pero negamos la excelencia y la integridad; hablamos de valores pero nuestras lenguas y nuestros oídos están ávidos de cahuín solapado. Nos llamamos un país, pero nuestros ciudadanos no se comprometen con Chile. Una nube nubla el ánimo de nuestros jóvenes. No es raro que no crean en nada, que todo les dé igual. Pero cuando los escuchamos hablar, nos damos cuenta que creen en el atinar, y que esperan el ejemplo de nosotros.
En su lenguaje desenvuelto usan de giros vigorosos para hacernos entender cuánto les gustaría que atináramos: "que Chile se ponga las pilas", invitándonos a convertir la energía, que en alguna parte debemos tener almacenada, en audacia para subirnos a la ola de los tiempos; que "nos peguemos la cachá" y nos comprometamos con la aventura de Chile; que ojalá "demos en el blanco" y nos enfoquemos en la excelencia y en una identidad para hacerle buenas ofertas al mundo. Pero lo que realmente nos están pidiendo a gritos, es que les enseñemos a querer sin condiciones a este país, que les demos un ejemplo de apego sin restricciones hacia la patria y la matria, este "lugar de la madre", que es Chile.
Sabrán entonces que existe el amparo, y el entusiasmo y la alegría que sirven para construir un país donde la vida se viva "tirando pa? arriba". Atinando con un cariño como este seremos capaces de gestar, "sin trancas", una identidad y un estilo que nos contente. Porque "está gueno ya": tenemos un país con oportunidades que se pueden perder por estar distraído, talentos que se están atrofiando por estar preocupados por tonteras, materia prima excelente que no vemos por estar pajareando, propuestas buenas que nadie oye porque la tele está muy fuerte, ideas nuevas para hacer un Chile más competitivo en el mundo.
Amar a Chile con un cariño profundo y permanente, eso es atinar.










