Cualquier problema se salud nos aflige, nos agobia, nos urge a recuperarnos pronto, y esa recuperación de la función dañada da cuenta del éxito de un tratamiento. Por ejemplo, si nos encontramos con un amigo que estuvo con gastritis, y normalizó su alimentación, decimos ?estuvo bien tu tratamiento?, si una persona con problemas visuales ahora lee sin lentes, reconocemos el éxito del oftalmólogo tratante. Pero parece que con las personas afectadas en su sistema psíquico no ocurre lo mismo, es como si una alteración en la mente fuera un campo irrecuperable y, además, fuente de menoscabo. Tan cierto es esto, que hasta no hace mucho tiempo era frecuente escuchar: ?para que voy a ir al psiquiatra, si no estoy loco?. La frase anterior, además de representar un desconocimiento del quehacer de la psiquiatría, lleva consigo toda la carga estigmatizante que la sociedad ha dejado caer sobre el enfermo mental.
Antes que estas alteraciones fueran entendidas como un problema médico, la persona afectada por una pérdida del juicio, era considerada como poseída por espíritus malignos, por lo que podía ser incluso quemada. Más adelante, hubo distintas etapas en el desarrollo de una visión diferente del enfermo, sin embargo, es posible afirmar que desde la Edad Media hasta hace unos años, se mantenía un esquema de trato al paciente, en el que sus derechos no estaban respetados, así como tampoco la sociedad asumía su responsabilidad en el tema. De este modo, los términos usados para nombrar a la persona eran orate, alienado, insano o simplemente, loco, siendo la conducta a seguir, usualmente el encierro en manicomios o casas de orates, lugares en los que eran asilados para el resto de su vida.
La psiquiatría moderna ha experimentado dos enormes avances: Por una parte, el descubrimiento de nuevos fármacos, los que logran cambiar el curso y pronóstico de algunas enfermedades; en segundo lugar, el concebir a la Persona con Discapacidad de causa Psíquica no sólo como un ?enfermo? en el sentido puramente biológico, sino que considerando todos los aspectos psicosociales que su situación tiene. Este último punto, basado en la Teoría Sistémica, entiende que las personas integramos una familia, la que se inserta en una comunidad, la que está inmersa en la sociedad. Cada uno de los sistemas mayores moldea y condiciona a los que contiene, por lo que es fácil entender el rol que la familia, comunidad y sociedad entera tienen en la rehabilitación e integración de la Persona con Discapacidad de causa Psíquica.
Por lo tanto, cada vez que una persona afectada por un problema de salud mental se reintegra a la comunidad, lo que estamos contemplando es el éxito de sus terapias y el triunfo de la integración por sobre la discriminación.
Dr. Julio Volenski
Médico Psiquiatra Infanto-Juvenil. Magíster en Educación Superior
Reforma Psiquiátrica
Enviado por Julio Volenski
em Sábado, 08 Maio, 2010 às 9:57
Etiquetas: Desarrollo Nacional Salud Mental Principal
Cualquier problema se salud nos aflige, nos agobia, nos urge a recuperarnos pronto, y esa recuperación de la función dañada da cuenta del éxito de un tratamiento. Por ejemplo, si nos encontramos con un amigo que estuvo con gastritis, y normalizó su alimentación, decimos ?estuvo bien tu tratamiento?, si una persona con problemas visuales ahora lee sin lentes, reconocemos el éxito del oftalmólogo tratante. Pero parece que con las personas afectadas en su sistema psíquico no ocurre lo mismo, es como si una alteración en la mente fuera un campo irrecuperable y, además, fuente de menoscabo. Tan cierto es esto, que hasta no hace mucho tiempo era frecuente escuchar: ?para que voy a ir al psiquiatra, si no estoy loco?. La frase anterior, además de representar un desconocimiento del quehacer de la psiquiatría, lleva consigo toda la carga estigmatizante que la sociedad ha dejado caer sobre el enfermo mental.
Antes que estas alteraciones fueran entendidas como un problema médico, la persona afectada por una pérdida del juicio, era considerada como poseída por espíritus malignos, por lo que podía ser incluso quemada. Más adelante, hubo distintas etapas en el desarrollo de una visión diferente del enfermo, sin embargo, es posible afirmar que desde la Edad Media hasta hace unos años, se mantenía un esquema de trato al paciente, en el que sus derechos no estaban respetados, así como tampoco la sociedad asumía su responsabilidad en el tema. De este modo, los términos usados para nombrar a la persona eran orate, alienado, insano o simplemente, loco, siendo la conducta a seguir, usualmente el encierro en manicomios o casas de orates, lugares en los que eran asilados para el resto de su vida.
La psiquiatría moderna ha experimentado dos enormes avances: Por una parte, el descubrimiento de nuevos fármacos, los que logran cambiar el curso y pronóstico de algunas enfermedades; en segundo lugar, el concebir a la Persona con Discapacidad de causa Psíquica no sólo como un ?enfermo? en el sentido puramente biológico, sino que considerando todos los aspectos psicosociales que su situación tiene. Este último punto, basado en la Teoría Sistémica, entiende que las personas integramos una familia, la que se inserta en una comunidad, la que está inmersa en la sociedad. Cada uno de los sistemas mayores moldea y condiciona a los que contiene, por lo que es fácil entender el rol que la familia, comunidad y sociedad entera tienen en la rehabilitación e integración de la Persona con Discapacidad de causa Psíquica.
Por lo tanto, cada vez que una persona afectada por un problema de salud mental se reintegra a la comunidad, lo que estamos contemplando es el éxito de sus terapias y el triunfo de la integración por sobre la discriminación.
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