Cuando hablamos de educación y de los insuficientes resultados que nuestro país obtiene en los sistemas de evaluación de logros, se nos llena la cabeza de preocupaciones. Claro, se ha gastado y se sigue gastando una cantidad enorme de recursos, se moderniza la infraestructura, se adquieren medios tecnológicos, se mejora las rentas de los docentes, se amplía la jornada escolar, y los indicadores no mejoran, o lo hacen en una magnitud que no se condice con lo invertido. Obviamente el problema es multifactorial, no pudiendo pretenderse que exista un elemento causal que explique linealmente los malos resultados en educación. Aún así, considero que en la ecuación que intenta dar cuenta de los problemas y sus posibles soluciones, no se ha considerado un elemento clave: la salud mental del profesor.
Para enfrentar este tema con un razonable grado de objetividad he realizado algunos sondeos entre docentes, contrastándolos con estudios publicados en medios especializados y con datos que maneja el Colegio de Profesores, encontrándome con que estas fuentes de información coinciden en considerar la salud mental del profesor como un área vulnerable, comprometida, dañada. Por ejemplo, puedo señalar que más de dos tercios de los profesores consideran que la sociedad no valora su trabajo. Este dato es relevante, ya que buena parte de la sensación de seguridad y de recompensa de las personas procede de la percepción de reconocimiento. Otro elemento a considerar es que al menos la mitad de los docentes consideran que el ambiente laboral es malo, tanto en lo referente a relaciones interpersonales como al aspecto físico, mientras que alrededor de un cuarenta por ciento cree que se desempeña en un entorno violento.
Vámonos a otros datos, ahora desde el ámbito médico. Casi un cincuenta por ciento de los pedagogos que ha consultado al médico lo ha hecho por algún problema de salud asociado al estrés, como colon irritable, insomnio o angustia, mientras que uno de cada siete profesores son usuarios frecuentes de medicamentos para dormir. Un dato relevante es que la cuarta parte de los docentes chilenos ha recibido el diagnóstico médico de depresión.
Uno de los indicadores de daño originado por el desempeño laboral es el llamado ?síndrome de burnout?, que se manifiesta en cansancio, abatimiento, cambios cognitivos, emocionales y conductuales. Informes de estudios de campo señalan que al menos cuatro de cada diez profesores presentan puntuación calificada como ?alta? en la escala de valoración de desgaste emocional propia de este cuadro.
Por tanto, debemos prestar más atención a estos aspectos; no hacerlo es descuidar a uno de los protagonistas del acto educativo: el maestro.
Dr. Julio Volenski
Médico Psiquiatra Infanto-Juvenil. Magíster en Educación Superior
Salud Mental del Profesor
Enviado por Julio Volenski
em Segunda-feira, 31 Maio, 2010 às 17:50
Etiquetas: Principal
Cuando hablamos de educación y de los insuficientes resultados que nuestro país obtiene en los sistemas de evaluación de logros, se nos llena la cabeza de preocupaciones. Claro, se ha gastado y se sigue gastando una cantidad enorme de recursos, se moderniza la infraestructura, se adquieren medios tecnológicos, se mejora las rentas de los docentes, se amplía la jornada escolar, y los indicadores no mejoran, o lo hacen en una magnitud que no se condice con lo invertido. Obviamente el problema es multifactorial, no pudiendo pretenderse que exista un elemento causal que explique linealmente los malos resultados en educación. Aún así, considero que en la ecuación que intenta dar cuenta de los problemas y sus posibles soluciones, no se ha considerado un elemento clave: la salud mental del profesor.
Para enfrentar este tema con un razonable grado de objetividad he realizado algunos sondeos entre docentes, contrastándolos con estudios publicados en medios especializados y con datos que maneja el Colegio de Profesores, encontrándome con que estas fuentes de información coinciden en considerar la salud mental del profesor como un área vulnerable, comprometida, dañada. Por ejemplo, puedo señalar que más de dos tercios de los profesores consideran que la sociedad no valora su trabajo. Este dato es relevante, ya que buena parte de la sensación de seguridad y de recompensa de las personas procede de la percepción de reconocimiento. Otro elemento a considerar es que al menos la mitad de los docentes consideran que el ambiente laboral es malo, tanto en lo referente a relaciones interpersonales como al aspecto físico, mientras que alrededor de un cuarenta por ciento cree que se desempeña en un entorno violento.
Vámonos a otros datos, ahora desde el ámbito médico. Casi un cincuenta por ciento de los pedagogos que ha consultado al médico lo ha hecho por algún problema de salud asociado al estrés, como colon irritable, insomnio o angustia, mientras que uno de cada siete profesores son usuarios frecuentes de medicamentos para dormir. Un dato relevante es que la cuarta parte de los docentes chilenos ha recibido el diagnóstico médico de depresión.
Uno de los indicadores de daño originado por el desempeño laboral es el llamado ?síndrome de burnout?, que se manifiesta en cansancio, abatimiento, cambios cognitivos, emocionales y conductuales. Informes de estudios de campo señalan que al menos cuatro de cada diez profesores presentan puntuación calificada como ?alta? en la escala de valoración de desgaste emocional propia de este cuadro.
Por tanto, debemos prestar más atención a estos aspectos; no hacerlo es descuidar a uno de los protagonistas del acto educativo: el maestro.
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