
Recientemente fui invitado a exponer en un foro-panel acerca del tema “Violencia Juvenil”. Junto con agradecer al Prof. Patricio Muñoz y a los estudiantes de Trabajo Social de
En primer término, la sola nominación de este evento nos lleva a pensar en que existe una estigmatización acerca de los jóvenes, ya que suelen buscarse problemas en la juventud, sin pensar en los elementos positivos que esta etapa de la vida encierra. En efecto, desde la mala interpretación etimológica en adelante, pareciera que -para algunos- todo lo relacionado con la mocedad (deriva de mozo y edad) conlleva problemas. Me referí a la etimología porque aún hay muchos que creen que la palabra “adolescencia” deriva de “adolecer” (tener o padecer algún defecto), en circunstancias que lo correcto es que viene del latín “adolecere” (crecer, desarrollarse), por lo que el verdadero sentido de la palabra “adolescente” es “el que está creciendo”. Esta sola mirada etimológica nos lleva a concebir al joven como una persona en actividad, en pleno desarrollo, no padeciendo los males de la inactividad y rigidez que a veces los adultos adolecemos.
En segundo lugar, la mención de un evento como “violencia juvenil”, podría llevar a pensar que los adolescentes son más violentos que quienes integran otros grupos etarios, lo que sería una falsedad de marca mayor. Para fundamentar este tema podemos recurrir a la evidencia que señala que, en proporción al tamaño de la población juvenil y adulta, la mayor cantidad de hechos de violencia son causados por mayores de edad. Claro, cuando uno da estos datos algunos dudan y mencionan como ejemplo los hechos delictivos que inundan las páginas policiales de la prensa y los noticiarios de televisión que muestran a jóvenes como protagonistas de atracos, homicidios y narcotráfico. Pero cuidado, la verdad es que no todo lo que se muestra refleja la verdad completa, ya que los estudios más serios apuntan el sentido contrario, es decir, los adultos son más violentos y violan más las leyes.
Para concluir, debemos recordar que cuando vemos a un joven actuar de modo violento, en la mayoría de las situaciones hay una biografía cargada de vulneración de derechos, de maltrato, de exposición a las drogas, de privación de afecto, de daño a su autoestima. Lo señalado no significa que por ello no deba sancionarse la infracción a la ley en los jóvenes, ya que en lo personal comparto el que se establezca responsabilidad penal desde los catorce años de edad, porque independientemente de las historias de vida, uno es responsable de sus actos desde que tiene la posibilidad de reconocer los alcances de ellos. Más bien deseo señalar que junto con actuar en lo punitivo y en la rehabilitación, debemos apuntar a las causas que lleva a que un muchacho se aparte de una senda de bien y transite hacia la conducta antisocial.
En esas causas encontraremos muchas en las que podemos actuar, pero la que lograría -a mi juicio- los mejores resultados y con la mayor relación costo-efectividad es la intervención oportuna en los problemas de conducta, atención y aprendizaje en primer ciclo de enseñanza básica.











