Uno de los ámbitos de estudio más relevantes en
Recapitulando lo escrito, es fácil notar como se repiten una y otra vez los conceptos que recogen los legados de los maestros de la psicología contemporánea, situando al niño en su contexto biográfico e histórico. En efecto, para poder entender la anormalidad y la anormalidad en nuestros hijos, y para realizar una intervención profesional al respecto, es necesario considerar que el desarrollo implica una personalización, la que es posible dado que existe en la especie humana un sustento genético que la posibilita. Sin embargo, la expresión de esta particularidad biológica no sería posible sin la participación de otros imprescindibles factores.
Interactuamos con nuestros padres desde el momento de nacer, y es esa dialéctica relacional, en la que el niño es un agente activo, la que modela la mayor parte de aquel conjunto de características comportamentales, afectivas, emocionales y cognitivas que constituirán nuestro carácter y nuestra personalidad. Así, las experiencias tempranas podrán dejar huellas para toda la vida, las que se expresan incluso en la conformación neurobiológica y en el funcionamiento neuroquímico del cerebro. Si sumamos a esta realidad una mirada sistémica, debemos decir que la persona y su familia están siempre integradas a sistemas mayores, cuales son la comunidad y la sociedad, los que no sólo cumplen un rol inclusivo, sino que –de un modo comparable al papel que juega la familia sobre el niño- determinan el funcionamiento de los sistemas interiores.
Así las cosas, resulta fácil entender el por qué le hemos asignado a la comunidad escolar, y a sus gestores -los docentes- un lugar protagónico en los tipos de intervención planteados para propiciar un desarrollo normal, así como para detectar a tiempo y corregir sus dificultades. También queda claro que ninguno de estos elementos -niño, familia, comunidad- puede independizarse del tipo de sociedad en la que están inmersos. Surge entonces la evidente pregunta: ¿nuestras realidades sociales, políticas y económicas (y las ideologías que las sustentan) son funcionales o actúan facilitando un normal desarrollo de la infancia? Sin duda, de la respuesta que al interior de nuestras conciencias surja, y de las alternativas planteadas, dependerá en gran medida el futuro de nuestros hijos.
Dr. Julio Volenski - Psiquiatra Infanto-Juvenil
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